Un futuro para la zona alta basado en el desarrollo sostenible.

Hubo tiempos en los que el bosque de pinos de Agache-Fasnia llegaba a las medianías. Como nos describe Octavio Rodríagez Delgado en su excelente libro “Fasnia, la gestación de un pueblo”, ya en el siglo XVI había preocupación en las autoridades insulares por el grado de  destrucción a que estaba sometido. La razón era la sobreproducción de “pez” o “pegue”, producto derivado de la resina del pino. La pez se obtenía por combustión incompleta de la madera de pino en hornos de piedra. El horno recibía el nombre de peguero, y hubo muchos en toda Canarias. La TVA repite frecuentemente un reportaje sobre el oeste de Gran Canaria donde se muestra con todo detalle un peguero  en la cumbre de Inagua. Entre La Atravesada y el Pino del Agua de Fasnia hay una zona que muchos fasnieros llaman Peguero. Me pregunto si será posible localizarlo.

La destrucción del bosque de pinos y la colonización agrícola de la parte alta de de Fasnia dió lugar al paisaje de bancales de piedra seca que conocimos hace años. El que yo recuerdo de pequeño era un paisaje de huertas con cuevas y muy pocas casas (más bien cuartos aislados), tal como habían quedado cuando  se implantaron los regadíos en los años 30 y la actividad agrícola se trasladó a las medianías y en la costa. Era  un paisaje bien distinto del que actualmente contemplamos. 

Es indudable que en los últimos años estamos asistiendo a una nueva etapa de destrucción de la belleza de nuestro paisaje de montaña, con una red de pistas asfaltadas y la construcción de muchas casas. La destrucción no ha sido generalmente para mejorar la producción agrícola, sino para crear espacios de recreo que nos permitan disfrutar de la belleza del lugar y de encontrar comodidades para pasarlo bien con los nuestros. El resultado es que disfrutar de esa belleza se ha convertido en una tarea complicada porque la estamos destruyendo a toda velocidad. 

Pero lo peor está por venir. Actualmente muy pocos fasnieros pernoctan en las casas que se han construido en la parte alta. Pero la inminente electrificación de la zona seguramente traerá más comodidades y cambirá esa tendencia hacia un turismo de fin de semana en la parte alta. La electrificación seguramente  traerá una nueva oleada de nuevas casas, de ampliaciones de las existentes  y de mayor destrucción del paisaje. 

Seamos claros: en este terreno no hay culpables e inocentes; sólo conscientes e inconscientes. La inconsciencia es el estado previo a la entrada en razón: tenemos una buena prueba en la Playa del Abrigo, cientos de miles de años de actividad natural generaron una hermosa playa, que los fasnieros liquidamos en una generación. Deberíamos impulsar una peregrinación anual a esa  hermosa playa para que nos sirva de toma de conciencia de nuestra capacidad destructiva, y que no se nos repita la historia en la zona alta.

La cuestión es ¿estamos condenados a una destrucción de la zona alta que nos equipare en fealdad con muchas otras zonas de Canarias?, o ¿estamos aún a tiempo de invertir el sentido destructivo de la edificación y el asfaltado actuales para dejar a nuestros descendientes tanta o más belleza de la que heredamos?
Me parece que las claves para un futuro sostenible de la parte alta de Fasnia se basan en unas pocas ideas muy concretas. 

En este primer artículo señalaré las que se refieren a los cuatro elementos que más afectan la belleza del paisaje:

1.  Es preciso tomar conciencia de que la construcción tiene un impacto tremendo en el paisaje actual. Es preciso tratar de disminuirlo, para lo que existen varias fórmulas. Por ejemplo, para disimular las casas actuales  lo más barato es plantarle una higuera delante. En general,  incorporar la vegetación alta (pinos, escobones,  incluso viña) es una manera de bajar el impacto de la construcción. El bloque de cemento visto es el enemigo a batir, y todos tenemos que ser conscientes de ello. Pintar de blanco no es una buena solución, porque resalta demasiado. Me inclino por tratar de  recubrir la casa con una pared de piedra seca, que la haga parecerse a las paredes de las huertas, y utilizando el mismo tipo de piedra que hay en el entorno para no introducir colores ajenos. 

2. Para las nuevas casas es preciso inspirarse en las construcciones antíguas, con pieda amarilla, barro y tejas, para tratar de imitarlas en versión actualizada, y en los colores a aplicar a la parte visible de la casa. Me gusta sugerir, aunque aún tengo pocos adeptos, que lo que debememos hacer es arreglar las cuevas y volver a ellas: es lo que han hecho en Artenara (municipio de la cumbre de Gran Canaria, famoso porque  hacen rogativas al patrón San Matías para que llueva...amenazándolo con desriscarlo, y con el que tenemos muchas cosas en común).

3. La extensión del asfalto a  todas las pistas actualmente existentes parece que es inevitable. Esto tiene mala solución, pero algunas medidas siempre se prodrán tomar. Por ejemplo: no crear muros de cemento en las carreteras, sino de piedra vista; utilizar el asfaltado para conducir el agua y aprovecharla; no asfaltar los accesos privados, sino volver a los empedrados. 

4. La aparición del cemento en las paredes de las huertas es reciente y tiende a generalizarse. Es preciso ser conscientes de que se trata de una agresión mayor al paisaje, porque destruye la personalidad del monte en su concepción actual.  Desgraciadamente las soluciones no son baratas, pero no podemos renunciar a la piedra como seña de identidad. 

    Finalmente, me parece que es inevitable la parte alta se electrifique tarde o temprano. La cuestión es que lo haga de modo no impactante sobre el espacio natural, haciendo que los cables de baja y media tensión vayan enterrados. Ya se que es caro, pero ¿dónde van los beneficios que  UNELCO/ENDESA extraen de Canarias?¿A enterrar lo cables de elctrificación de regiones más combativas?.

 Nicolás Díaz Chico.  Junio-2.001   e-mail